Desde pequeño he tenido problemas de autoestima.
He tenido tantos problemas de autoestima, que terminé creando una marca entera alrededor de buscarle solución a ese mismo problema: un lugar donde los logros se puedan festejar sin que venga un hijo de puta a llamarte subido, creído o agrandado.
Al contrario.
Un lugar donde los más cabrones, los que le ponen huevos, los que se atreven a querer más, sean celebrados.
Pero para crear una marca sobre identidad, ego, confianza y amor propio, primero tuve que estudiar esa parte de mí que no se la creía. Tuve que estudiar mis inseguridades con mis sentimientos en pausa. Tuve que entender por qué me daba pena hablar, crear, subir algo, vender algo o decir: “soy bueno en esto.”
Nadie nace creyéndose la mera verga.
A veces te la tenés que empezar a creer antes de tener pruebas. Antes del dinero. Antes del respeto. Antes de los aplausos.
Este artículo no es una guía para volverte arrogante, pero si es una guía para dejar de vivir como si fueras menos.
Te vas a morir
Suena oscuro, pero es una de las verdades más liberadoras que existen.
Te vas a morir.
Entonces imaginate pasar tus días preocupado por el qué dirán. Tu mente a cien por hora, inventando escenarios que tal vez nunca van a pasar, deteniéndote de crear algo, de hablarle a alguien, de vender tu idea, de subir ese video, de decir lo que pensás.
Y después, de la nada, se acaba.
Un accidente. Una enfermedad. Una llamada. Una mala noche. Cualquier cosa.
Horrible y posible.
Entonces la pregunta es simple: si supieras que estas fueran tus últimas horas, ¿las pasarías preocupado porque alguien pensó que eras creído? ¿Dejarías de crear algo por pena? ¿Dejarías de intentarlo porque alguien que ni se atreve a vivir te juzgó?
Igual te vas a morir.
Y esa no debería ser una razón para rendirte. Debería ser una razón para dejar de vivir arrodillado.
Es una manera sádica, oscura y honesta de ser positivo: nada es eterno. Ni la vergüenza. Ni el fracaso. Ni el miedo. Ni el dolor.
La vida es temporal. Por eso tomársela demasiado en serio, sin convertir esa presión en resultados, es una pérdida de energía.
Mirale el lado bueno a todo
La vida puede ser muy buena o muy mierda, dependiendo de cómo interpretás lo que te pasa.
Eso no significa negar la realidad. No significa fingir que todo está bien cuando no lo está. Significa no dejar que cada cosa mala se convierta en la prueba final de que tu vida es una mierda.
Contá tus bendiciones. Las pequeñas también.
La gente que te quiere. El cuerpo que todavía te carga. Las ideas que todavía tenés. La oportunidad de empezar otra vez.
Las cosas malas que te pasan también terminan formando parte de vos. A veces te rompen. A veces te despiertan. A veces te enseñan exactamente qué no querés volver a permitir.
De nada sirve ver la vida como una mierda si el tiempo va a seguir pasando igual.
Mejor ser feliz con esperanza que triste con una “realidad” que solo existe porque ya te rendiste.
Formá metas
El humano necesita dirección.
Si no sabés hacia dónde vas, alguien más va a empezar a manejar tu vida sin que te des cuenta. Tu jefe. Tu familia. Tu pareja. Tus amigos. El algoritmo. La presión. La comodidad.
Por eso tenés que sentarte y pensar.
¿Dónde querés estar en 25 años?
¿En 10?
¿En 5?
¿En uno?
Y después bajalo a tierra.
Pensá en 12 pasos que te acercarían a esa versión de vos en un año. Luego elegí el primer paso. Después preguntate: ¿qué puedo hacer este mes para empezarlo?
No tiene que ser perfecto. Tiene que moverse.
Porque el sentimiento de acercarte a tus metas tiene que volverse suficiente para vos. Realísticamente, a la mayoría de personas no les importa si las cumplís o no.
Y eso no debería deprimirte.
Debería liberarte.
Nadie viene a salvarte. Nadie viene a coronarte.
Te toca actuar como si ya fueras alguien antes de que el mundo tenga evidencia.
La mera verga se construye
Creerte la mera verga no significa mentirte.
Significa apostar por vos antes de que sea obvio.
Significa caminar con más seguridad de la que sentís. Significa crear aunque te dé pena. Significa vender aunque te tiemble la voz. Significa hablar como alguien que merece estar en el cuarto, incluso cuando por dentro todavía estás dudando.
Porque la confianza no siempre llega antes de actuar.
A veces la confianza llega después de verte actuar con miedo y aun así sobresalir.
Entonces no esperés a sentirte listo. No esperés a tener pruebas. No esperés a que alguien más te diga que ya podés.
Creértela no es el premio.
Es el requisito.
Pablo Gaal, CEO
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